UN PLAN DE 52.000 MILLONES DE EUROS PARA FRENAR LA TUBERCULOSIS

Frente a nombres de enfermedades más sonoros se esconden otros menos publicitados pero igualmente graves. Es el caso de la tuberculosis considerada por algo la enfermedad infecciosa más letal del planeta y en cambio por muchos es desconocida.

Según describe la enciclopedia médica Medline Plus  “Es causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis (M. tuberculosis). La tuberculosis es contagiosa. Esto quiere decir que la bacteria puede propagarse fácilmente de una persona infectada a otra no infectada. Se puede adquirir por la inhalación de gotitas de agua provenientes de la tos o el estornudo de una persona infectada. La infección pulmonar resultante se denomina tuberculosis primaria”.

A pesar de todo existen altas posibilidades de curación siempre cuando según advierten los especialistas con un certero diagnóstico se fije un tratamiento completo de meses, caso en que dejará de ser contagiosa a los pocos meses. En este sentido la estrategia es ir directamente por la enfermedad sin esperar que se manifieste.

Aliados de esta esperanza la Coalición internacional Stop Tuberculosis  plantea una nueva estrategia para frenar esta  enfermedad. Tal y como se informa en El País con más de 52.600 millones de euros se podría evitar 45 millones de casos y salvar 10 millones de aquí al año 2020, sin duda un salto cualitativo en relación a las cifras que se manejan ahora que solo alcanza una bajada de 1,5 % al año.
“Tradicionalmente hemos luchado contra la tuberculosis esperando a que los enfermos pidieran ayuda. Esto no ha sido suficiente. Ahora tenemos que buscar nosotros la enfermedad” explica  Lucica Ditiu, directora ejecutiva de la coalición internacional Stop TB.
Para ello se prevé la cooperación global de los países asegurando que también les beneficiará económicamente ya que por cada euro invertido se recuperan 85 hasta provenientes de los gastos médicos y laborales que supone la enfermedad.
“No va a ser fácil encontrar más dinero, pero sí es posible. El crecimiento de las economías en desarrollo permitirá que puedan aportar más, igual que hará el Fondo Mundial. Además, hay muy poca optimización de las inversiones. Se pueden aprovechar fondos que se usan para otros tratamientos, como sida o enfermedades maternas, de forma que redunden también en la detección de la tuberculosis”, sentencia Ditiu.

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