Síndrome del ojo seco

El síndrome del ojo seco es un trastorno ocular,  que puede llegar a ser enfermedad,  muy común. Ocurre cuando el ojo no produce suficientes lágrimas o cuando las lágrimas se evaporan demasiado rápido. El origen del síndrome del ojo seco puede vincularse  al uso de lentes de contacto, disfunción de la glándula de Meibomio, embarazo, o deficiencia de vitamina A entre otros. También se puede relacionar síndrome con la edad o con cambios hormonales.

Los síntomas del síndrome del ojo seco son evidentes: sensación de sequedad o arenilla en el ojo, escozor o picor y  mayor sensibilidad a la luz. El abuso de las pantallas de ordenador, móvil o tablet pueden afectar a la humedad que precisa el ojo, ya que parpadeamos menos al fijar la atención. Paradógicamente, los ojos llorosos también pueden ser un síntoma del síndrome del ojo seco cuando existe una sobreestimulación de la producción de lágrimas por la sequedad  Esto se debe a que la sequedad de la superficie del ojo algunas veces estimula la producción del componente acuoso de las lágrimas como mecanismo de protección.

Para prevenir este incómodo trastorno podemos:

  • Buena higiene ocular
  • Extremar las precauciones al usar lentes de contacto, conservándolas siempre húmedas
  • Evitar,  en la medida de lo posible calefacción, y aire acondicionado
  • Utilizar humidificadores del ambiente, sobre todo en climas secos.
  • Hidratar los ojos con lágrimas artificiales.
  • Realizar descansos visuales cada 20 minutos sobre todo cuando fijamos nuestra mirada en una pantalla

Respecto a este último consejo puede ser una buena idea seguir la regla del 20-20-20: cada 20 minutos frente a una pantalla, descansar la vista 20 segundos mirando a un punto situado a unos 6 metros (en el sistema métrico que se emplea en Estados Unidos, 6 metros corresponden a 20 pies, de ahí el último “20” de la regla).