¿Qué son los parabenos?

Los parabenos son sustancias utilizadas para evitar el crecimiento de bacterias en los productos cosméticos. Se utilizan en esta categoría de productos desde  la década de 1950 y con anterioridad también en la conservación de alimentos como la carne.

En los últimos años,  en respuesta a las inquietudes de la opinión pública al respecto de sus posibles efectos adversos, muchas marcas han comenzado a fabricar y etiquetar  productos libres de parabenos tales como lociones, champús, barras de labios, exfoliantes, etc.

¿Cuál es el problema?

En la década de 1990, los parabenos se consideraron xenoestrógenos-agentes que imitan el estrógeno en el cuerpo. En 2004 la investigadora británica Philippa Darbre, ha  encontrado parabenos presentes en los tumores malignos de mama. Como resultado de ello, los expertos de muchos países están recomendando límites en los niveles de estos compuestos  en los productos cosméticos.
Este estudio no estuvo exento de polémica ya que sus  críticos señalaron que el tejido no canceroso de los pechos sanos no fue examinado para ver si los parabenos también estaban presentes allí, y que su presencia en tumores no prueba que fueran la causa del cáncer. Otros estudios han demostrado que tienen  un efecto estrogénico muy débil. En la actualidad, la cantidad de parabenos en cualquier producto suele ser bastante baja. La FDA (U.S. Food and Drug Administration) y la OMS (Organización Mundial de la Salud) los consideran productos químicos seguros en bajas dosis.

Para evitar los parabenos se pueden utilizar algunos productos orgánicos a base de aceite que no contengan agua, que exige un conservante. A menudo se venden en recipientes oscuros de modo que la luz y el aire no los  degradan rápidamente. Con los productos verdaderamente naturales, simplemente tenemos que tener en cuenta su fecha de caducidad, de esta forma evitamos tener que acudir a otros compuestos que alargan su vida útil.

En este mes de marzo se ha publicado un trabajo liderado por el CSIC y realizado con la colaboración del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona que demuestra que las mujeres embarazadas bioacumulan y pueden transmitir a sus fetos estos compuestos presentes en los productos de cuidado e higiene personal. El hospital publica en su web :”Diversos estudios han mostrado que estos compuestos son perturbadores hormonales, capaces de afectar al sistema endocrino y de causar infertilidad, según se ha visto en animales. Se ha asociado su presencia con una baja tasa de espermatozoides y, en el caso de las hembras, con desajustes del ciclo menstrual”.
El estudio lo ha dirigido la científica del CSIC Silvia Díaz-Cruz, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA), y demuestra que en la placenta humana también están presentes estos compuestos. Los resultados se acaban de publicar en la revista Environment International.
Los resultados demuestran que de los diez compuestos analizados (cinco parabenos y cinco filtros UV), más de cuatro han sido hallados en todas las placentas, y hasta siete de ellos han sido detectados en una misma muestra. La presencia de estos compuestos, explica Silvia Diaz-Cruz, “es preocupante ya que durante el embarazo cualquier alteración hormonal puede ser altamente nociva tanto para la madre como para el desarrollo del feto”.
Es la primera vez que se estudia la presencia de algunos de estos compuestos en placentas humanas. “Sólo hay tres estudios previos como éste en todo el mundo”, dicen los autores, y además “algunos de los compuestos que hemos hallado ahora no los había encontrado nadie antes”. Por otro lado, el equipo del IDAEA-CSIC ya había demostrado que delfines hembras embarazadas bioacumulan y transmiten a sus fetos filtros solares. En aquel caso, los fetos presentaban niveles más altos de filtros solares que sus respectivas madres.
Actualmente, la Unión Europea sólo autoriza en productos cosméticos dos benzofenonas (filtros solares), las denominadas BP3 y BP4. Sin embargo, en las muestras han hallado otras benzofenonas que, explica Silvia Diaz-Cruz, “son resultado de la metabolización. Ello indica que estos compuestos y sus metabolitos no se excretan en su totalidad sino que se acumulan en los tejidos, con consecuencias aún desconocidas”.
El compuesto que se ha hallado más frecuentemente es el BP4, detectado en el 75% de las muestras, y del que se pensaba no poder  bioacumularse en los tejidos. Todos los parabenos analizados se encontraron en casi el 100% de las placentas, siendo el metilparabeno, el más utilizado en la industria, el de mayor concentración.

Reproducimos aquí las conclusiones sobre la exposición y los efectos del estudio:
“Los parabenos y los filtros solares entran en el organismo a través de los alimentos (agua y pescado), por absorción dérmica y por inhalación. Estudios epidemiológicos han asociado la presencia de parabenos en el organismo con alergias, obesidad y baja calidad del esperma, Por su parte, la presencia de benzofenonas está relacionada con la incidencia de endometriosis. Dos estudios recientes indican que un peso bajo en niñas y mayores peso y circunferencia craneal en niños están directamente relacionados con el contenido de benzofenonas en la orina materna.
“Sin embargo”, matiza Lourdes Ibáñez Toda, endocrinóloga pediatra del Hospital de Sant Joan de Déu, “en los estudios publicados, solamente se han encontrado asociaciones entre la presencia de estos productos y determinadas alteraciones. Se necesitan estudios longitudinales a largo plazo, con mayor número de pacientes, para determinar si la presencia de estos productos puede causar la aparición de patologías en la infancia y en la edad adulta”.

Según expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial para la Salud (OMS), ingerimos 76 miligramos al día de parabenos a través de los alimentos, medicamentos y el uso de productos de higiene y cosméticos. Esta cantidad puede parecer elevada, pero está por debajo del valor máximo establecido, 10 miligramos al día y por kilo de peso corporal (unos 500 miligramos para una persona de 50 kilos).
Los filtros solares UV son aditivos casi omnipresentes en los productos de cuidado e higiene personal. También se utilizan en envases de bebidas y alimentos, componentes de coches, ropa o material fotográfico, entre otros, para proteger los materiales del amarilleamiento y otros procesos de degradación causados por la luz solar.

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