La laringitis aguda infantil

La laringitis es la hinchazón e inflamación de la laringe. La laringe está ubicada en la parte superior de las vías respiratorias que van a los pulmones (tráquea). La laringe contiene las cuerdas vocales que cuando resultan inflamadas o infectadas, se hinchan. Esto puede causar ronquera.

La laringitis en la inmensa mayoría de casos es una afectación de la salud leve. En el caso de los niños puede provocar la disminución del calibre de la vía aérea del niño, que es más estrecha que la del adulto, y por lo tanto desarrollar  síntomas de dificultad respiratoria.
Suele aparecer en bebés y niños menores de cuatro años, siendo más frecuente su incidencia en otoño e invierno.
Se transmite a través de las secreciones respiratorias, por la tos o los estornudo y la enfermedad empieza dos o tres días más tarde del momento del contagio.

Los síntomas típicos son:

Tos perruna: es una tos seca, espasmódica, que generalmente empeora bruscamente por la noche. Se reconoce fácilmente, ya que el niño presenta una tos parecida a un ladrido de perro o al sonido que emite una foca.
Afonía o disfonía: es frecuente que se acompañe de voz ronca, dolor de garganta y a veces fiebre alta.
Estridor: es el ruido que se produce, similar a un pitido, cuando el niño inspira y el aire pasa por la laringe inflamada. Se acompaña de dificultad para respirar (disnea).
Estos síntomas empeoran si el niño llora o se encuentra agitado. La peor fase de la enfermedad dura 2 o 3 días, aunque la tos, ya más blanda y con mucosidad, puede durar una o dos semanas más.

En el  blog del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid encontramos recomendaciones precisas a modo de consejos cuando se presenta esta enfermedad en los más pequeños:

  • Mantener humedad ambiental elevada, sobre todo durante la noche. Conviene colocar un humidificador o vaporizador en la habitación.
  • Respirar aire fresco. Asomar al bebé o al niño a la ventana con mucho cuidado, y que respire aire frío durante 10-15 minutos (si es verano, abrir la nevera y respirar el aire frío).
  • Hacer lavados nasales frecuentes con suero salino, sobre todo antes de acostarse y antes de las tomas.
  • Mantener al niño tranquilo, intentar evitar que se agite o que llore.
  • La actividad física empeora la tos y el estridor. Aunque en general los niños disminuyen el nivel de actividad por sí mismos, se debe intentar que  juegue tranquilo, al menos los primeros días.
  • Acostarlo “boca arriba” y con la cabecera de la cama o la cuna levemente incorporada. Para esto podemos introducir algún calzo bajo las patas de la cabecera de la cama o cuna, o introducir algunas mantas dobladas bajo la parte superior del colchón.
  • Ofrecer abundantes líquidos. Los niños afectados suelen perder el apetito, sobre todo al principio, por lo que debemos animar al niño a que tome líquidos: agua, zumo, leche, caldo…, pero sin forzar.
    Ofrecer las tomas en menos cantidad y más frecuentes.

La laringitis al ser una infección viral no se trata con antibióticos. Sin embargo, es adecuado el tratamiento sintomático de la enfermedad. Si la fiebre es mayor de 38-38,5ºC se puede usar paracetamol o ibuprofeno. Además, tras ser valorado por su pediatra, éste puede pautar un tratamiento con corticoides inhalados, habitualmente de corta duración. En casos excepcionales puede ser necesario el ingreso del niño para mantenerlo observado y utilizar fármacos inhalados más potentes o con suplementos de oxígeno hasta que mejore.

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