Cuidado de la espalda y pies para los senderistas

La espalda y los pies  son las partes del cuerpo que más sufren durante las caminatas, sobre todo si somos senderistas con una pesada mochila cuestas.  Las travesías suelen ser una de las actividades favoritas durante el periodo estival. Los pies son el soporte esencial para el desplazamiento humano, los cuales deben cumplir diferentes funciones básicas, entre ellas: amortiguar el constante impacto y adaptarse a las superficies irregulares que se encuentren durante la marcha. En estas travesías se acostumbra a ver a los senderistas con mochilas pesadas y caminando largas distancias. El aumento de peso en la espalda, no solamente influirá sobre esta, sino que afectará directamente al estrés de los pies, ocasionando alteraciones y cambios en la pisada del individuo.

El caminar durante un largo periodo con cargas adicionales en la espalda, hará que las estructuras de la bóveda plantar (fascia plantar, musculatura intrínseca y extrínseca del pie) tengan que absorber importantes fuerzas para mantenerla, por lo tanto, el calzado a utilizar y la durabilidad de las etapas serán dos factores fundamentales para la prevención de lesiones.

Salva García, director de FisioClínic Valencia, recomienda controlar el peso de la mochila, evitar llevar un peso excesivo, y a su vez, que el peso esté equilibrado en ambos lados de la espalda, es decir, llevar una carga simétrica. También destaca que la carga deberá estar bien ajustada mediante una mochila adecuada, es decir, pegada a la espalda para evitar sobrecargas en la zona.

Durante la travesía será muy importante tener una buena hidratación y hacer paradas cortas y repetitivas, lo que reduce el riesgo de lesión de una forma significativa.

Los principales consejos de los expertos en el tratamiento de lesiones de pies y espalda son:

  • Se debe cuidar el calzado, con un buen contrafuerte, suela confortable y buen agarre.
  • Cuidar la salud de los pies mediante productos que eviten zonas propensas a las lesiones de la piel.
  • Llevar hidratación suficiente para la ruta.
  • Realizar una buena preparación para rutas largas (Camino Santiago por ejemplo).
  • Llevar las cargas bien distribuidas y acopladas a la espalda mediante una buena mochila.
  • Realizar un estudio de la pisada en un centro especializado, con el objetivo de prevenir lesiones y mejorar el confort de la marcha.