Cómo prevenir el síndrome de clase turista

La reciente inauguración del vuelo que conecta Singapur con Nueva York en 18 horas y 45 minutos, sin escalas, ha reabierto el debate sobre el conocido síndrome de clase turista. Esta patología, que en términos médicos se denomina trombosis venosa profunda, afecta a una de cada 1.000 personas, especialmente en trayectos de más de cuatro horas, y el riesgo de sufrirla aumenta exponencialmente a medida que se suman horas de viaje, según apunta la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH).

Los periodos prolongados de falta de movilidad, unidos al reducido espacio entre asientos en los medios de transporte de larga distancia, como los aviones, los autobuses o los trenes, son los principales causantes de este problema. Se trata de una afección en la que se forma un coágulo sanguíneo o trombo en una vena, pudiendo desembocar en una embolia pulmonar.

Según indica la Fundación Española del Corazón, el síndrome de clase turista es poco habitual en personas que no padecen factores de riesgo, no llegando al 1% de prevalencia. Sin embargo, el riesgo de padecerlo aumenta hasta un 4% o un 5% en aquellas que sufren patologías como sobrepeso, hipertensión o antecedentes cardíacos, consumen medicamentos como estrógenos o anticonceptivos orales, presentan una edad avanzada, padecen de enfermedades de coagulación, han sido operados recientemente, consumen alcohol y tabaco, están en periodo de embarazo o postparto, etc.

Para prevenir el riesgo de sufrir el síndrome de clase turista, los expertos recomiendan:

  • Levantarse cada dos horas y estirar las piernas. En aviones y trenes, levantarse y caminar por los pasillos con frecuencia ayudará enormemente a prevenir los riesgos de sufrir trombosis venosa profunda. Pasear o hacer ejercicios y estiramientos básicos facilitará la circulación en las piernas y minimizará las posibilidades de que se forme un trombo.
  • En el caso de los trayectos en autobús, caminar por los pasillos no es una opción, por lo que se recomienda aprovechar las paradas regulares para bajar del vehículo y estirar las extremidades inferiores.
  • Beber agua para evitar la deshidratación. Tanto antes como durante el viaje, es recomendable hidratarse correctamente bebiendo agua de forma regular y reduciendo el consumo de alimentos o bebidas que puedan favorecer la deshidratación.
  • Minimizar la ingesta de café o alcohol.
  • Algunos medicamentos como las píldoras anticonceptivas y el tamoxifeno, o terapias como la de reemplazo hormonal o la quimioterapia también pueden aumentar las posibilidades de aparición de la enfermedad.
  • Vestir ropa cómoda. Evitar prendas ceñidas que puedan dificultar la circulación de la sangre o sin gomas que causen presión en zonas como la cintura o los tobillos, son otras de las recomendaciones en las que coinciden los expertos.
  • Evitar cruzar las piernas. La postura idónea será aquella en la que el pasajero pueda estirar las piernas al máximo posible en posición recta. Cruzar las piernas, o doblarlas en exceso, es una de las principales causas que favorece la aparición del síndrome de la clase turista. Siempre que se pueda, una buena opción es elegir los asientos del pasillo, ya que se facilitará la movilidad, reduciendo la propensión a adoptar malas posturas.
  • Utilizar medias de compresión para evitar la acumulación de líquido. En personas con antecedentes de mala circulación, el uso de medias de compresión conlleva grandes ventajas para evitar la acumulación de líquidos en los miembros inferiores. Además, conviene consultar con un médico especialista antes de viajar si la persona tiene riesgo alto de sufrir trombos, por si fuera necesario seguir algún tratamiento específico.